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Revista Iberoamericana Ambiente & Sustentabilidad ISSN: 2697-3510 I e-ISSN: 2697-3529 I Vol. 9, 2026 DOI: https://doi.org/10.46380/rias.v9.e566 |
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Turismo sustentable |
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La turistificación de las zonas rurales de montaña en Costa Rica, 1980-2025.
The Touristification of Rural Mountain Areas in Costa Rica, 1980-2025.
A turistificação das áreas rurais de montanha na Costa Rica, 1980-2025.
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Medardo Moscoso Vidal Universidad Nacional, Costa Rica
Neptalí Monterroso Salvatierra Universidad Autónoma del Estado de México neptali.monsal@gmail.com
Artículo científico
Enviado: 16/11/2025 Aprobado: 22/7/2026 Publicado: 30/7/2026
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RESUMEN
En Costa Rica, el turismo fue promovido como estrategia capaz de conciliar el desarrollo con la conservación ambiental. Sin embargo, esta narrativa contribuyó a legitimar procesos de acumulación capitalista. El artículo examinó la forma en que el turismo institucionalizado articuló mecanismos de despojo y explotación, así como las respuestas comunitarias mediante las cuales pobladores rurales procuraron sostener la vida y defender sus bienes comunes. Como punto de partida para el análisis, se utilizó una investigación previa sobre la turistificación en territorios rurales cercanos a un parque nacional costarricense. Metodológicamente, la información obtenida fue organizada desde un enfoque histórico-crítico, en una matriz multiescalar que permitió contrastar la evidencia obtenida de las escalas global, latinoamericana, centroamericana y costarricense. Los resultados mostraron que las políticas estatales turísticas, influidas por organismos internacionales, facilitaron inversiones y reconvirtieron haciendas ganaderas. Frente a estas condiciones también surgieron iniciativas de turismo comunitario que, aún con recursos limitados y sin apoyo gubernamental, priorizaron la autogestión, el control territorial y la cooperación para sostener a las familias rurales y proteger sus bienes comunes. Se concluyó que el turismo rural empresarial operó como extensión del modelo neoliberal, mientras el turismo rural comunitario mostró potencial de resistencia bajo condiciones estructurales frágiles.
Palabras clave: acumulación ampliada, acumulación por desposesión, autogestión, extractivismo, neoliberalismo, turismo rural comunitario.
ABSTRACT
In Costa Rica, tourism was promoted as a strategy capable of reconciling development with environmental conservation. However, this narrative contributed to legitimizing processes of capitalist accumulation. The article examined how institutionalized tourism articulated mechanisms of dispossession and exploitation, as well as the community responses through which rural residents sought to sustain life and defend their commons. Previous research on touristification in rural territories near a Costa Rican national park served as the starting point for the analysis. Methodologically, the information obtained was organized, from a historical-critical perspective, in a multiscalar matrix that enabled the evidence from the global, Latin American, Central American, and Costa Rican scales to be compared. The results showed that state tourism policies, influenced by international organizations, facilitated investment and converted cattle ranches to tourism uses. Community-based tourism initiatives also emerged in response to these conditions and, despite limited resources and a lack of government support, prioritized self-management, territorial control, and cooperation to sustain rural families and protect their commons. It was concluded that corporate rural tourism operated as an extension of the neoliberal model, whereas community-based rural tourism showed potential for resistance under fragile structural conditions.
Keywords: expanded accumulation, accumulation by dispossession, self-management, extractivism, neoliberalism, community-based rural tourism.
RESUMO
Na Costa Rica, o turismo foi promovido como estratégia capaz de conciliar o desenvolvimento com a conservação ambiental. No entanto, essa narrativa contribuiu para legitimar processos de acumulação capitalista. O artigo examinou a forma como o turismo institucionalizado articulou mecanismos de despossessão e exploração, bem como as respostas comunitárias por meio das quais moradores rurais procuraram sustentar a vida e defender seus bens comuns. Como ponto de partida para a análise, utilizou-se uma pesquisa anterior sobre a turistificação em territórios rurais próximos a um parque nacional costa-riquenho. Metodologicamente, as informações obtidas foram organizadas, a partir de uma abordagem histórico-crítica, em uma matriz multiescalar que permitiu contrastar as evidências obtidas nas escalas global, latino-americana, centro-americana e costa-riquenha. Os resultados mostraram que as políticas estatais de turismo, influenciadas por organismos internacionais, facilitaram investimentos e reconverteram fazendas pecuárias. Diante dessas condições, também surgiram iniciativas de turismo comunitário que, mesmo com recursos limitados e sem apoio governamental, priorizaram a autogestão, o controle territorial e a cooperação para sustentar as famílias rurais e proteger seus bens comuns. Concluiu-se que o turismo rural empresarial operou como extensão do modelo neoliberal, enquanto o turismo rural comunitário mostrou potencial de resistência sob condições estruturais frágeis.
Palavras-chave: acumulação ampliada, acumulação por despossessão, autogestão, extrativismo, neoliberalismo, turismo rural comunitário.
INTRODUCCIÓN
El turismo no es únicamente una actividad orientada al ocio o a la generación de ingresos; así lo han señalado diversos estudios internacionales. Su expansión se integra también a procesos de acumulación mediante los cuales los territorios, los paisajes y los recursos comunitarios, adquieren valor económico y se transforman en mercancías destinadas al mercado global (Guereña, 2006; Harvey, 2005). Debido a lo antes descrito, al realizar estudios relacionados con la actividad turística deben examinarse más allá de sus beneficios económicos inmediatos, atendiendo las relaciones sociales y territoriales que acompañan su desarrollo.
En América Latina, estos procesos se han relacionado con nuevas formas de dependencia económica, así como con desigualdades territoriales que afectan de manera diferenciada a empresas, gobiernos y comunidades locales; por ejemplo, México y Centroamérica documentan bien esas dinámicas, donde la expansión turística ha reconfigurado el uso y control de diferentes espacios territoriales (Zizumbo et al., 2017).
En Costa Rica, dichas dinámicas presentan una trayectoria prolongada de turistificación, vinculada a procesos históricos de acumulación capitalista. El turismo ha sido promovido en el país como actividad económica emergente desde finales del siglo XIX, pero fue hasta la segunda mitad del siguiente siglo XX cuando alcanzó plena institucionalización con la creación del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) en 1955.
En la década de 1980 se dio en el país el giro neoliberal, que significó una mayor apertura comercial para la atracción de capital extranjero. Aunado a lo anterior, se retiró el apoyo estatal a la agricultura tradicional de los campesinos y se aceleró la mercantilización de territorios rurales a partir del impulso de nuevas actividades económicas, entre ellas, las modalidades de turismo alternativo. Paradójicamente, las áreas silvestres protegidas se transformaron en los pilares del nuevo modelo turístico. Ejemplo de ello son el Parque Nacional Poás, identificado como uno de los más visitados del país (Sistema Nacional de Áreas de Conservación [SINAC], 2014), y el Parque Nacional Rincón de la Vieja; donde las haciendas ganaderas fueron convertidas en complejos turísticos con alta concentración de beneficios (Hernández y Mora, 2012; Moscoso y Monterroso, 2025). Pese a esa trayectoria, poco se ha analizado la relación entre las formas de acumulación capitalista que acompañan la integración de las áreas silvestres protegidas al modelo turístico neoliberal, la transformación de los territorios rurales y el surgimiento de estrategias comunitarias para sostener la vida y defender los bienes comunes.
En la época actual es común señalar que la integración de la visión capitalista de desarrollo del turismo genera altos niveles de visitación y convierte las áreas silvestres protegidas en fuente clave de ingresos para el Estado, los empresarios turísticos y los pobladores locales que habitan esos territorios. Sin embargo, esta visión ha recibido menor atención a la distribución desigual de dichos ingresos y a la situación de esos pobladores locales, quienes, en muchos casos, en lugar de mejorar sus ingresos, pasaron a engrosar las estadísticas de pobreza.
Frente a esta situación, el objetivo de la investigación fue analizar cómo la integración de las áreas silvestres protegidas al modelo turístico neoliberal articula distintas formas de acumulación capitalista y, al mismo tiempo, da lugar al surgimiento de estrategias comunitarias orientadas a sostener la vida y defender los bienes comunes. Para ello, desde un enfoque histórico-crítico, se contextualiza la evolución del modelo turístico costarricense y se observan los contrastes entre las distintas formas de acumulación capitalista y las estrategias comunitarias de subsistencia surgidas en sus márgenes, con apoyo en los planteamientos teóricos de Marx, Harvey y varios autores críticos latinoamericanos.
A partir de este análisis, se mostró cómo, frente al modelo de desarrollo turístico impulsado por los diferentes gobernantes del país, han emergido experiencias de turismo comunitario orientadas, precisamente, a sostener la vida de los pobladores locales, defender los bienes comunes y disputar la apropiación de los territorios, poniendo en duda el discurso promovido por los gobiernos y los organismos internacionales, según el cual el turismo rural empresarial extractivista, frecuentemente promovido bajo modalidades de turismo alternativo o de montaña, al reconfigurar los territorios rurales, impulsa el desarrollo económico y social de las comunidades rurales y la conservación de los bienes naturales. En sentido contrario, se argumenta a favor del turismo rural comunitario como alternativa de autogestión, arraigo y resistencia frente al modelo dominante.
Para cumplir con este objetivo, se revisaron fuentes académicas, institucionales y oficiales (1980-2025), seleccionadas según criterios de pertinencia y rigor, y organizadas en una matriz multiescalar (ver anexo) que distinguió entre organismos internacionales, Estado-sector empresarial y comunidades locales, que permitió examinar cómo dos modalidades turísticas (empresarial y comunitaria) expresan las tensiones que se producen entre los discursos institucionales de sostenibilidad, las distintas formas de acumulación capitalista y las prácticas de autogestión local.
La lógica de la acumulación capitalista neoliberal extractivista
Marx (2014) distingue dos formas fundamentales de acumulación, a las que denomina originaria y ampliada. La primera se basa en el despojo y la apropiación forzada de bienes comunes, como ocurrió durante la colonización de América. La segunda se sostiene en la explotación del trabajo humano, mediante el pago de salarios inferiores al valor real producido y la apropiación del valor del trabajo no pagado (plustrabajo).
A principios del siglo XXI Harvey (2005) retoma esta distinción para mostrar que las dinámicas de despojo no han desaparecido, sino que se han actualizado mediante mecanismos institucionales y legales como concesiones, privatizaciones o políticas de desarrollo que legitiman la transferencia de bienes comunes al capital privado. De esta forma, el capitalismo contemporáneo combina la acumulación ampliada con nuevas formas de despojo que reciben el nombre de desposesión, extendiendo la lógica del mercado a todos los ámbitos de la vida social.
Marx también sostuvo que en el capitalismo todo adquiere forma de mercancía y el principio de compra y venta domina todas las esferas de la vida social, subordinando el trabajo humano y todo recurso natural a la acumulación de capital (Marx, 2014). En esta relación, el trabajo queda subsumido al capital[1], lo que significa que la actividad humana pasa a funcionar bajo los fines del capital y no bajo los de la persona trabajadora; la fuerza laboral se convierte en mercancía, y la empresa o persona capitalista se adueña del excedente productivo que el trabajo genera.
Sabogal (2015) señala que el proceso de producción capitalista da lugar a formas de desigualdad estructural, concentración de riqueza y a una degradación progresiva de la vida humana y no humana, al privilegiar la acumulación sobre las necesidades sociales y ecológicas. Becerra (2013) complementa lo anterior al plantear que el capitalismo no solo se sostiene de la explotación del trabajo asalariado, sino que también requiere de un apuntalamiento profundo mediante la apropiación continua de los recursos naturales, culturales, minerales y simbólicos (incluidos aquellos relacionados a la belleza escénica o al patrimonio arqueológico) así como de otros “recursos raros y escasos”.
Finalmente, en esta misma lógica, Harvey (2005) plantea que, actualmente, el capitalismo sostiene su expansión mediante la desposesión, es decir, la apropiación privada de bienes comunes materiales e inmateriales como el territorio, la naturaleza, el trabajo y el conocimiento. Bajo esta idea, la acumulación originaria o por desposesión es un mecanismo central del capitalismo contemporáneo, que extiende su dominio sobre múltiples dimensiones simbólicas, sociales, culturales, educativas y comunicativas etc., generando nuevas identidades, significados y territorialidades; es decir, produciendo transformaciones más profundas que únicamente la producción de mercancías.
De manera que las relaciones sociales y económicas, en la etapa neoliberal extractivista, no se explican únicamente por la producción material derivada de la fuerza humana, sino también por el acaparamiento y control de recursos naturales y culturales, lo que se manifiesta en la expansión del capital hacia nuevos campos, entre ellos, el turismo, tanto el tradicional o de sol y playa, como el alternativo, interior o de montaña.
MATERIALES Y MÉTODOS
Metodológicamente, el estudio se construyó desde un enfoque histórico-crítico marxista. Este permitió analizar el turismo como parte de las dinámicas actuales de acumulación capitalista, apropiación territorial y disputa por los bienes comunes. Fue seleccionado un diseño documental interpretativo y exploratorio, enfocado a reconstruir las relaciones entre la evolución del modelo turístico, las políticas de desarrollo rural y conservación ambiental, las formas de acumulación capitalista y las respuestas desarrolladas por las comunidades rurales. Merece aclararse que no se trató, por tanto, de un estudio de caso cuantitativo ni de una investigación basada en variables estadísticas, sino de un análisis documental de carácter histórico-crítico.
La base documental de la investigación estuvo conformada por 35 fuentes institucionales, académicas y empíricas, las cuales fueron seleccionadas por su relación con el período comprendido entre 1980-2025; por lo que se combinaron documentos históricos y recientes, sin que ello significara que el total de referencias bibliográficas fueron incluidas en el análisis. Además, se consideró que cada documento aportara evidencia sobre al menos uno de los temas estudiados: las transformaciones del modelo turístico dominante, las políticas rurales y ambientales, la reconversión productiva, la apropiación territorial o las respuestas comunitarias.
Como apoyo al análisis documental, la investigación de Moscoso y Monterroso (2025) se utilizó como referente empírico. Esta fuente fue seleccionada debido a que la zona de influencia del Parque Nacional Rincón de la Vieja mostró la coexistencia de antiguas fincas y haciendas agropecuarias reconvertidas en empresas turísticas, así como servicios desarrollados por comunidades rurales. Cabe mencionar que dicha investigación fue utilizada como un recurso para contextualizar y contrastar los procesos identificados documentalmente. En otras palabras, no se consideró representativa de todas las zonas rurales, internacionales, latinoamericanas ni costarricenses.
En esta línea, la base documental fue sometida a una matriz multiescalar, tanto para su recopilación, como para su organización, su procesamiento, su análisis y su sistematización, excluyendo las fuentes que formaron parte como fundamento teórico-metodológico, los materiales promocionales citados como ejemplos empíricos, para diferenciar fuentes académicas (artículos, libros y estudios especializados) de las institucionales, entre ellas informes, planes turísticos, leyes y políticas públicas. También se incorporaron notas de prensa y documentos sobre experiencias territoriales. Estos últimos materiales sirvieron para examinar casos específicos, pero no se trataron como evidencia equivalente a la literatura académica.
Para profundizar el análisis, en la matriz se registró la escala, los actores, el proceso documentado, la evidencia aportada y las observaciones críticas de cada fuente. Permitiendo contrastar las escalas internacional, latinoamericana, centroamericana y costarricense, así como las actuaciones de organismos internacionales, Estado, empresas y comunidades. El análisis se desarrolló en tres etapas. La primera fue la identificación de discursos y políticas turísticas; la segunda, fue examinar sus relaciones con la mercantilización, la apropiación territorial y la acumulación; y la tercera consistió en contrastar estos procesos con las respuestas comunitarias. Surgieron así tres ejes: la institucionalización y expansión del turismo, la reconversión productiva y sus efectos territoriales, y las respuestas comunitarias vinculadas con la defensa del territorio. Finalmente, la triangulación se realizó mediante el contraste entre fuentes académicas, institucionales y empíricas.
Las interpretaciones desarrolladas en la literatura académica fueron comparadas con los discursos, políticas e instrumentos institucionales y, posteriormente, con procesos documentados en los registros empíricos y en el referente empírico. Tanto el referente empírico como los registros empíricos permitieron contrastar la información obtenida en las otras fuentes. Las coincidencias ayudaron a reconocer patrones y relaciones entre las escalas, mientras que las diferencias permitieron examinar las tensiones entre los discursos institucionales, las dinámicas de acumulación capitalista y las experiencias comunitarias. Este contraste dio mayor consistencia al análisis y redujo la dependencia de un solo tipo de fuente.
RESULTADOS
La base documental permitió organizar los resultados en tres ejes analíticos: la institucionalización y expansión del turismo, la reconversión productiva y sus efectos territoriales, y las respuestas comunitarias vinculadas con la defensa del territorio. Las siguientes tablas resumen los principales hallazgos y reúnen las fuentes que sustentaron cada eje.
Tabla 1 Institucionalización y expansión del turismo.
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Hallazgo principal |
Evidencia documental |
Escala |
Fuentes principales |
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Los organismos internacionales promovieron el turismo como estrategia de crecimiento e integración a los mercados. |
Financiamiento, orientación institucional y promoción del turismo sostenible. |
Internacional |
Organización Mundial de Turismo (OMT, 2005); Delegación de Euskadi para la Unión Europea (2020); Carrillo y Pulido (2012). |
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El Estado facilitó la expansión turística mediante políticas, infraestructura e incentivos. |
Planificación turística, apertura territorial y atracción de inversiones. |
Costa Rica |
Picón (2008); Vargas (2024); Moscoso y Monterroso (2025). |
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El turismo alternativo fue incorporado al discurso institucional de sostenibilidad. |
Creación y promoción de modalidades como ecoturismo, turismo rural y turismo de aventura. |
Internacional y nacional |
Triarchi y Karamanis (2017); Kieffer (2021); Cárdenas (2025). |
Fuente: Elaboración propia a partir del corpus documental.
En la tabla 1 se reúnen nueve fuentes que documentaron la participación de organismos internacionales y estatales en el financiamiento, la planificación y la promoción del turismo. Asimismo, estas mostraron la incorporación del ecoturismo, el turismo rural y el turismo de aventura al discurso institucional de sostenibilidad.
Tabla 2 Reconversión productiva y efectos territoriales del turismo.
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Hallazgo principal |
Manifestación territorial |
Consecuencias identificadas |
Fuentes principales |
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Las actividades agropecuarias fueron reconvertidas hacia el turismo. |
Haciendas ganaderas y fincas agrícolas transformadas en emprendimientos turísticos. |
Mercantilización del paisaje, la cultura y las prácticas productivas. |
Baltodano y Badilla (2015); Moscoso y Monterroso (2025). |
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El turismo favoreció la valorización y apropiación privada del territorio. |
Adquisición de tierras rurales y expansión de proyectos turísticos empresariales. |
Concentración de beneficios, desplazamiento y pérdida de control territorial. |
Barboza (2024); Rojas y Palafox (2019). |
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Los beneficios turísticos se distribuyeron desigualmente. |
Predominio de capital externo y participación marginal de las comunidades. |
Informalidad laboral, aumento del costo de vida y exclusión territorial. |
Gómez (2019); Barboza (2024); Moscoso y Monterroso (2025). |
Fuente: Elaboración propia a partir del corpus documental.
Mientras en la tabla 2 se sintetizan cinco fuentes relacionadas con la transformación turística de fincas y haciendas. Los estudios registraron la valorización privada del territorio, la concentración de beneficios y efectos como la informalidad laboral, el desplazamiento y la pérdida de control territorial.
Tabla 3 Respuestas comunitarias y defensa territorial.
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Hallazgo principal |
Estrategia comunitaria |
Alcances y limitaciones |
Fuentes principales |
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Las comunidades incorporaron el turismo como actividad complementaria. |
Combinación del turismo con agricultura, artesanía y otras actividades familiares. |
Diversificación de ingresos sin abandonar completamente la economía campesina. |
Lemas y Fuentes (2025); Gascón (2023); Pérez et al. (2010). |
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El turismo rural comunitario fortaleció algunas formas de organización local. |
Gestión colectiva, redes comunitarias y control local de los recursos. |
Cooperación, participación y fortalecimiento organizativo. |
Nel-lo Andreu (2008); Trejos (2009); Barrantes y Campos (2020). |
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Las iniciativas comunitarias permanecieron en condiciones de fragilidad. |
Recursos limitados y competencia desigual con proyectos empresariales. |
Riesgo de desplazamiento, pérdida de autonomía y dependencia institucional. |
Guereña (2006); Peralta y Solano (2009); Gutiérrez (2022). |
Fuente: Elaboración propia a partir del corpus documental.
Las nueve fuentes reunidas en la tabla 3 mostraron que las comunidades combinaron el turismo con actividades agrícolas y familiares, al tiempo que fortalecieron algunas formas de gestión colectiva. Sin embargo, estas experiencias enfrentaron recursos escasos, dependencia institucional y una competencia desigual con el sector empresarial. Los hallazgos evidenciaron así la convivencia de la expansión turística institucional y empresarial con iniciativas locales dirigidas a sostener la vida, defender sus territorios y organizar a las comunidades.
DISCUSIÓN
El turismo en la lógica de la acumulación capitalista y la desposesión territorial
A partir de los referentes teóricos y documentales revisados, el turismo se interpretó como una actividad relacionada con dos formas de acumulación. La primera correspondió a la desposesión, mediante la apropiación y valorización económica de paisajes, territorios, culturas y saberes locales. La segunda se relacionó con la acumulación ampliada, expresada en condiciones institucionales laborales como el empleo temporal o contratos por temporadas, la informalidad, los bajos salarios y la precarización.
La literatura también mostró que la acción estatal creó las condiciones favorables para la expansión o el impulso turístico mediante el desarrollo de diferentes tipos de infraestructura, la promoción legal de incentivos fiscales y la aprobación de normativas orientadas a facilitar el ordenamiento territorial y la inversión privada extranjera (Palafox et al., 2010; Moscoso y Monterroso, 2025). Desde la perspectiva histórica-crítica, el turismo se analizó como parte del capitalismo contemporáneo; es decir, no únicamente por la importancia de esta actividad en la generación de divisas, sino que también favoreció que algunas empresas se apropiaran de territorios, recursos naturales y parte de la riqueza producida por los trabajadores (plusvalía), muchas veces con el visto bueno de instituciones públicas.
En este orden de ideas, el Estado formó parte de una dinámica más amplia ya que las fuentes analizadas señalaron que distintos organismos internacionales promovieron el turismo como una estrategia de crecimiento económico y de incorporación de los territorios a los mercados globales (Palafox et al., 2010; Monterroso y Zizumbo, 2009).
En esta línea, el enfoque histórico-crítico permitió interpretar dichas orientaciones como parte de las condiciones institucionales que favorecieron la expansión del capital turístico. En este proceso participaron el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), conocido como Banco Mundial (BM), y la Asociación Internacional de Fomento (AIF). A ellos se sumaron además, organismos regionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que otorgaron préstamos a los gobiernos nacionales. La Corporación Financiera Internacional (CFI) y la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), por su parte, brindaron apoyo al sector privado, entre otras instituciones (Delegación de Euskadi para la Unión Europea, 2020). A estos organismos se sumaron otras entidades financieras que, aunque no formaban parte del mismo entramado institucional, compartieron orientaciones centradas en el crecimiento económico y la promoción de inversiones turísticas (Carrillo y Pulido, 2012).
En este contexto, los organismos internacionales contribuyeron al financiamiento y promoción de proyectos de desarrollo turístico de carácter capitalista empresarial, de manera que el embate fue ampliamente dominante, avasallador y expansivo. Así, cuando la OMT (2005) propuso lo que ostentosamente llamó turismo sostenible, no estaba pensando tanto en atender los impactos ambientales, sociales y económicos causados por el turismo en las zonas de sol y playa, sino en asegurar el buen desarrollo empresarial de los proyectos financiados por esos organismos. Lo antes descrito fue producto de la revisión de literatura crítica y, además, la revisión señaló que la incorporación del discurso de la sostenibilidad no modificó necesariamente la estructura empresarial, ni la orientación del turismo hacia el crecimiento y la acumulación de capital (Mowforth y Munt, 2015). Nuevamente desde la perspectiva histórica-crítica adoptada, este discurso se interpretó como un mecanismo que también contribuyó a legitimar la continuidad y expansión del modelo turístico empresarial. En esas condiciones, agravadas por la aplicación generalizada del modelo neoliberal, el turismo alternativo, surgido desde las décadas de 1970 y 1980 como reacción al turismo masivo y asociado con prácticas de pequeña escala, autogestión y bajo impacto (Triarchi y Karamanis, 2017), el cual fue incorporado progresivamente al discurso global del turismo sostenible y al modelo hegemónico globalizador.
La articulación entre organismos internacionales, gobierno y sectores empresariales fue la que, aprovechando las críticas al turismo masivo, permitió la penetración de capitales y la posterior configuración de las diversas modalidades del turismo alternativo, en procesos cuya voz de mando correspondió a los organismos primeramente mencionados. Autores como Kieffer (2021) y Cárdenas (2025) evidenciaron que las dependencias gubernamentales a cargo del desarrollo del turismo, tales como la Secretaría de Turismo de México (SECTUR), el Instituto Guatemalteco de Turismo (IGT) y el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), aceptaron acríticamente orientar sus esfuerzos hacia el desarrollo de diferentes segmentos y productos turísticos, como el ecoturismo, el turismo rural y el turismo de aventura. Aunque esta planificación se presentó como una estrategia orientada al fortalecimiento de la oferta turística, en realidad dicha oferta fue configurada para responder a las demandas del mercado turístico internacional, sin cuestionar los efectos de este proceso sobre la estructura de la propiedad territorial, las condiciones de vida de los pueblos rurales y la distribución de los beneficios generados.
Pese al discurso de equidad que siempre estuvo presente en las intervenciones de los actores procapitalistas (organismos internacionales, funcionarios gubernamentales y empresarios), las experiencias turísticas asociadas a estos procesos evidenciaron la apropiación privada de territorios y la profundización de las desigualdades existentes. En el caso de Canarias, Sánchez y Daumann (2025) analizaron la paradoja entre sostenibilidad turística y rechazo social al modelo turístico, mostrando cómo la masificación, la presión territorial y el malestar residente cuestionaron los límites del discurso sostenible. De manera similar, Trivi et al. (2024) analizaron la turistificación como una forma de extractivismo urbano en Antigua, Guatemala y Cartagena de Indias, Colombia; vinculada con la mercantilización del suelo, la atracción de inversiones inmobiliarias, la reconfiguración de los centros históricos y procesos de desplazamiento y segregación de la población local.
Pero también mostraron que, junto a ellas, las comunidades rurales (indígenas y no indígenas), plantearon estrategias de sobrevivencia y desarrollaron servicios turísticos de gestión comunitaria (Ávila, 2015). En los estudios analizados se observó que, en distintos referentes documentales latinoamericanos, las comunidades locales incorporaron el turismo dentro de sus estrategias de subsistencia y reproducción social, muy distintas de los modelos institucionales promovidos desde el Estado y las ONG europeas, principalmente.
En esa misma función de contraste documental, Lemas y Fuentes (2025) mostraron que, en el traspaís Cancún-Riviera Maya, las cooperativas campesinas articularon las actividades turísticas con una pluriactividad preexistente como: la milpa, la apicultura, el aprovechamiento forestal y las artesanías, sin que ello implicara una ruptura con sus formas tradicionales de vida. En estos casos, el turismo no reemplazó las actividades económicas campesinas, sino que se incorporó como una fuente adicional de ingresos para sostener a las familias frente a la precariedad y la creciente competencia.
De manera similar, esta integración del turismo con las economías locales también se observó en otros países. En Argentina, Fernández y Laborda (2020) registraron experiencias relacionadas con la economía social y solidaria, basadas en la autogestión y diferenciadas del turismo masivo. Más que crear productos turísticos, estas prácticas buscaron fortalecer la organización comunitaria y conservar el control local sobre los medios de vida. De manera semejante, Monterroso y Zizumbo (2009) mostraron cómo la comunidad agraria de San Pedro Atlapulco, México, desarrolló servicios turísticos comunitarios para proteger sus acuíferos y su territorio.
En este orden de ideas, Stengurt (2016) señaló que lo distintivo del turismo comunitario no fue el tipo de actividad ofrecida, sino la lógica de gestión colectiva y la distribución comunitaria de los beneficios. Por su parte, Narvaez (2015) lo interpretó como una actividad orientada a la realización humana, al respeto cultural y a la defensa del territorio. Gascón (2023), desde la Isla Amantaní en el Lago Titicaca, mostró que estas experiencias se sostuvieron en los principios de la economía campesina, es decir, la pluriactividad, la reproducción familiar y el uso comunal de los recursos, y no en la maximización de beneficios, lo que las colocó en tensión directa con la lógica mercantil del turismo rural empresarial.
En Centroamérica, desde 1991 el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) impulsó el turismo alternativo en áreas silvestres protegidas, con el respaldo del Sistema Centroamericano de Áreas Protegidas (SICAP), el cual actuó dentro del marco ambiental regional para la conservación y el desarrollo sostenible (Vargas, 2006). A partir del siguiente apartado se analizó específicamente al caso de Costa Rica.
Reconversión productiva y expansión turística en costa rica (1984-2025)
En Costa Rica, según lo sostuvo Vargas (2024), el cambio hacia el modelo neoliberal inició alrededor de 1984, como respuesta al agotamiento del desarrollismo keynesiano. Sin embargo, muy pronto se observó que, más bien, se debió a la urgencia imperialista de reorientar las estructuras de los países tercermundistas al libre mercado para, aprovechando la debacle del bloque socialista, generalizar el modo de producción capitalista. En ese contexto se posicionó al turismo como estrategia clave de desarrollo, primero en zonas de sol y playa, y luego en áreas interiores o de montaña, con lo cual se dio lugar a la turistificación capitalista de todo tipo de territorio rural.
El turismo de sol y playa, que se venía impulsando desde años anteriores, se consolidó en la presente etapa neoliberal como fuente de divisas y de acumulación, bajo lógicas de dependencia, explotación laboral y uso intensivo de recursos naturales (Villa, 2020). En Costa Rica este tipo de turismo evolucionó en estrecha relación con las políticas estatales y los discursos internacionales de sostenibilidad; Picón (2008) explicó que el Plan Nacional de Desarrollo Turístico 2002-2012 lo estableció como eje estratégico para aprovechar el patrimonio natural y cultural, integrando la planificación territorial y la competitividad a la lógica del mercado bajo la influencia de los organismos internacionales. Más recientemente, Gómez (2019) y Barboza (2024) mostraron cómo el turismo costero guanacasteco se consolidó bajo un modelo de enclave dominado por capital extranjero, caracterizado por especulación inmobiliaria, desigualdad social y exclusión territorial; asimismo, mostraron que las comunidades locales se insertaron marginalmente mediante trabajo informal o microemprendimientos de subsistencia, mientras el Estado priorizó la seguridad del inversionista y la imagen del destino.
Este tipo de turismo empresarial se impulsó en las zonas de montaña o interiores, desde los inicios de la aplicación del modelo neoliberal. Una de las primeras tareas emprendidas por sus impulsores fue buscar su desarrollo en las áreas de baja rentabilidad de agricultura tradicional, lo cual se evidenció, por un lado, en la apertura de los mercados, y por otro, por el retiro de los apoyos estatales. Un efecto de lo primero fue el colapso del mercado internacional de cuotas del café, que dejó a muchos productores sin la posibilidad de colocar su producto con la estabilidad de décadas anteriores. En varios casos, especialmente en fincas cercanas a San José, la actividad pasó de centrarse exclusivamente en la venta de café a ofrecer visitas guiadas, degustaciones, programas educativos y souvenirs, ampliándose incluso hacia servicios de transporte, restaurantes y tours internos, hasta convertirse en complejos agroturísticos plenamente integrados.
Este tipo de reconversión hacia el turismo no fue exclusivo para el sector cafetalero, sino que se expandió hacia otras actividades agrícolas y ganaderas, evidenciando la territorialización del modelo turístico en las zonas rurales. Entre 1985 y 2025, esta transformación alcanzó regiones como la Huerta Norte, Los Santos, Guanacaste y el Valle Central. Allí, algunas fincas aguacateras, piñeras y ganaderas incorporaron modalidades de turismo alternativo, ecoturismo o de turismo sostenible. Surgieron experiencias agroecoturísticas que combinaron actividades tradicionales, como el ordeño y la elaboración de quesos artesanales, con la recolección de frutas y verduras, el cuidado de huertas agrícolas y plantas medicinales y la producción de abonos orgánicos.
La reconversión de fincas y haciendas agropecuarias hacia actividades turísticas fue documentada por fuentes académicas que permitieron comprender este proceso como una parte de la transformación productiva de los territorios rurales. En Guanacaste Baltodano y Badilla (2015) analizaron cómo la crisis ganadera y el auge del turismo modificaron el mundo laboral del sabanero, desplazándolo hacia funciones vinculadas con la atención turística y convirtiendo la cultura ganadera en parte del atractivo turístico Los registros de oferta turística complementaron este análisis con ejemplos de distintas regiones del país. Entre ellos se encontraron la Finca San Cayetano Viejo, en Tarrazú, la Cafetalera Aquiares, en Turrialb; la Finca Arenal Vida Campesina, en La Fortuna de San Carlos; y Café Britt, en Heredia, pionera en turismo del café desde 1985. Estas fincas incorporaron recorridos, degustaciones, actividades educativas y otros proyectos vinculados a servicios turísticos como el transporte y souvenirs.
También se identificaron registros empíricos de reconversión productiva en antiguas haciendas ganaderas guanacastecas establecidas en la zona de influencia del Parque Nacional Rincón de la Vieja. En ese territorio, Moscoso y Monterroso (2025) documentaron casos como Buena Vista del Rincón, Borinquen, Guachipelín, Termales del Rincón, cuyas actividades fueron reorientadas hacia el agroturismo, el turismo de naturaleza, el turismo de aventura y, más recientemente, el turismo regenerativo. Paralelamente, nuevos empresarios adquirieron tierras campesinas en zonas de montaña para desarrollar proyectos turísticos y áreas de segundas residencias. Aunque estas experiencias continuaron presentándose como expresiones de turismo alternativo, sostenible, ecoturismo o de ecodesarrollo residencial, constituyeron formas de acumulación capitalista sustentadas en la revalorización de los paisajes rurales, la mercantilización de las formas de vida, los saberes y las prácticas de subsistencia campesinas.
En cuanto a lo que pasó con los campesinos productores de granos básicos y otros cultivos alimenticios, cuando de la noche a la mañana se quedaron sin los apoyos estatales, se observó que algunos de ellos vendieron sus parcelas, la mayoría de las cuales fue reconvertida en nuevos agronegocios o emprendimientos turísticos empresariales. Otros las dedicaron a actividades agrícolas no tradicionales y a actividades no agrícolas como el turismo, porque para ello, de acuerdo con la política de la nueva ruralidad, sí se canalizaba financiamiento desde las ONG. Otros simplemente suspendieron su uso y se dedicaron a otras actividades económicas para sobrevivir. La mencionada política, desde esos tiempos, fue impulsada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que plantearon la existencia de una crisis agrícola para justificar la idea de que, de esa crisis, los campesinos sólo podían salir si abandonaban sus actividades agrícolas tradicionales y asumían actividades productivas no agrícolas, una de las cuales fue el turismo rural comunitario (Pérez et al., 2010).
Los ejemplos ilustraron cómo las reconversiones productivas, derivadas de la aplicación del modelo neoliberal, transformaron un buen número de haciendas y/o fincas oligarcas y las antiguas unidades campesinas en espacios de acumulación capitalista en los que el turismo se convirtió en su nuevo eje productivo. Pero dichas reconversiones no fueron procesos llevados a cabo sólo por los empresarios agrícolas, estos recibieron el apoyo gubernamental en un contexto político y económico en el que correspondió a la asesoría internacional imponer al turismo como eje del nuevo modelo. Entre las acciones desarrolladas por las instituciones públicas destacaron las medidas tomadas para la flexibilización del uso del suelo, para que los grandes empresarios, especialmente aquellos provenientes de sectores en crisis, pudieran transformar sus fincas en destinos turísticos, reorganizando el espacio rural según la lógica de rentabilidad y demanda internacionales.
Fueron esas facilidades las que les permitieron poner en valor los paisajes naturales de los territorios adquiridos o controlados por estos actores, adaptando la infraestructura de estos para la captación de turistas extranjeros de alto poder adquisitivo, replicando dinámicas ya presentes en la franja costera. Así fue como comenzaron a consolidarse en el interior del país esas nuevas prácticas de turismo alternativo o de montaña: ecoturismo (ET), turismo de aventura, turismo ecológico, agroturismo, senderismo, caminatas nocturnas, astroturismo, avistamiento de aves y diversas actividades acuáticas en ríos, que se desplegaron en entornos rurales. Todas estas prácticas surgieron y se consolidaron en distintas regiones del país (Moscoso y Monterroso, 2025).
Los estudios revisados relacionaron la reconversión turística con la generación de empleos y encadenamientos productivos, pero también con el aumento del costo de vida, la turistificación, la gentrificación y diferentes formas de desplazamiento territorial. También, mostraron que los beneficios económicos del turismo se distribuyeron de manera desigual y favorecieron a los actores externos o con mayor capacidad de inversión. Esta distribución desigual impidió que los beneficios del turismo alcanzaran de manera equitativa a las comunidades rurales (Barboza, 2024; Gómez, 2019; Moscoso y Monterroso, 2025).
La turistificación comunitaria, respuestas locales y defensa territorial (1990-2025)
Frente al avance del turismo empresarial, algunas comunidades rurales impulsaron sus propias iniciativas turísticas. Aunque contaban con pocos recursos, buscaron sostener la vida familiar, fortalecer la cooperación y conservar el control local de sus actividades productivas. A diferencia de los enclaves turísticos capitalistas, donde el territorio se subordinó principalmente al mercado, estas experiencias nacieron de las necesidades de cada territorio y fueron organizadas por sus propios habitantes. De este modo, las comunidades diseñaron sus propias formas de desarrollo acordes con sus condiciones e intereses (Barrantes y Campos, 2020).
Las prácticas de turismo rural comunitario surgieron impulsadas por comunidades campesinas que reivindicaron sus territorios y se relacionaron con el turismo desde principios como el de soberanía territorial, autogestión y valoración de los saberes locales, configurando una turistificación comunitaria que transformó el espacio rural sin apoyo externo. Como ya se expuso, tras el desmantelamiento de la reforma agraria, muchos campesinos vendieron sus parcelas, pero otros decidieron conservarlas, defenderlas y recuperar tierras de uso común para sobrevivir, lo que fue tomado por los organismos internacionales como justificación y argumento para generar la propuesta económica y territorial de la Nueva Ruralidad.
Con fundamento en esa nueva propuesta, tanto organismos internacionales como nacionales, así como ONG recién creadas exprofeso, empezaron a reconocer a la población campesina como gestora de bienes naturales de propiedad común y a promover programas de apoyo técnico e incentivos financieros, para desarrollar actividades de diversificación económica tales como agricultura diversificada, silvopasturas, agroforestería, agroturismo y producción artesanal. Su propósito: desestimular las actividades agrícolas tradicionales y la lucha por poseer una parcela. En la nueva ruralidad la economía campesina se fortaleció, ya no con la producción de alimentos, sino a partir de la producción de nuevos cultivos y el desarrollo de actividades no agrícolas, entre ellas, la prestación de servicios turísticos, además, pasaron a ser actores fundamentales en la conservación ambiental.
En el contexto costarricense, este cambio implicó el desplazamiento progresivo de la agricultura tradicional hacia actividades ajustadas a las demandas del mercado global (Peralta y Solano, 2009). Muchos campesinos fortalecieron sus actividades artesanales y/o desarrollaron otros tipos de actividades agrícolas. Otros se incorporaron como personal de servicio en las nuevas empresas de turismo alternativo (de aventura, ecoturismo, agroturismo, etc.) lo que ayudó a convertir al turismo rural empresarial en la nueva forma de acumulación capitalista del país y en una nueva amenaza para la población campesina. Otros, actuando a nivel familiar o grupal, tomaron los apoyos por los que se les ubicaba como guardianes de la naturaleza, o, actuando de manera independiente sin esos apoyos, definieron sus propias reglas, prioridades y formas de gestión desde una perspectiva territorial, cultural y ambiental, y, dejando de ver al turismo como una amenaza, lo convirtieron en una herramienta de resiliencia y afirmación cultural; desarrollando servicios turísticos comunitarios, con lo cual, incrementaron sus ingresos y transformaron su vínculo con el territorio y su identidad campesina.
Nel-lo Andreu (2008) destacó que el Turismo Rural Comunitario (TRC) en Costa Rica fortaleció estructuras organizativas autónomas, fundamentadas en el uso sostenible del territorio. Trejos (2009) resaltó el papel articulador de redes como ACTUAR, esenciales para promover la acción colectiva y la cooperación entre comunidades rurales. Casos como Posada Cerro Escondido, en la Reserva Natural Los Campesinos, evidenciaron esta forma de desarrollo turístico basada en la gestión local, el aprovechamiento responsable de los recursos naturales y la preservación de las prácticas socioculturales, según Guereña (2006) y Gutiérrez (2022). Casos como Quebrada Arroyo (Tarrazú) y Yorkín (Talamanca) mostraron cómo las comunidades lograron integrar el turismo en sus formas de organización y fortalecimiento cultural (Barrantes y Campos, 2020; Peralta y Solano, 2009).
Mención especial mereció el área de influencia del Parque Nacional Rincón de la Vieja, en Guanacaste. Ahí, la oferta turística actual se compuso tanto por las actividades impulsadas por las comunidades de Curubandé, Cañas Dulces y Mayorga, muchas de ellas sin experiencia en la atención de turistas, como por los servicios empresariales que ofrecieron antiguas haciendas agropecuarias que, tras procesos de reconversión productiva, se transformaron en emprendimientos turísticos que hoy concentran inversión y beneficios. La convivencia de ambas modalidades permitió distinguir dos formas de turistificación: la primera, de carácter empresarial capitalista, contó con capital privado, respaldo estatal e infraestructura; la segunda, de carácter comunitario, fue impulsada por los mismos pobladores locales y sostenida mediante el trabajo local y la autogestión, aunque con recursos limitados.
Sin embargo, estas experiencias enfrentaron límites, ya que su continuidad dependió del acceso al financiamiento, el respaldo institucional, la organización interna, la participación en redes comunitarias. También enfrentaron tensiones relacionadas con la posibilidad de conservar el control del territorio, sus recursos y sus decisiones frente a la presión del mercado turístico y la debilidad en las políticas públicas turísticas. Como consecuencia, el turismo rural comunitario se consideró como un conjunto de iniciativas frágiles, con muy poco apoyo institucional y empresarial, donde muchas veces los emprendimientos fueron etiquetados como actividades ilegales e informales o de piratería y no figuraron en ninguno de los inventarios o censos nacionales validados gubernamentalmente.
Desde esta mirada, la turistificación de las zonas rurales de la zona de influencia del Parque Nacional Rincón de la Vieja, se caracterizó por una relación desigual y conflictiva en dos modelos. Por un lado, el turismo institucionalizado, acuerpado por políticas estatales y orientaciones de organismos internacionales, priorizó la inversión y permitió que ciertos intereses privados recurrieran al discurso de la sostenibilidad para impulsar practicas extractivas y de transformación de los usos del suelo, de esa manera, empresarios ampliaron sus procesos de acumulación. Por otro, las iniciativas comunitarias con sus propios y limitados recursos y en condiciones frágiles, pasaron a ser sujetos de la actividad turística ofreciendo servicios turísticos como actividad complementaria para sostener a sus familias, subsistir y defender colectivamente el territorio.
La existencia de un proyecto vinculado con el mercado global y otro basado en la autonomía comunitaria y la equidad social puso al turismo en un espacio de tensión y de disputa. En suma, esto dio como resultado marcadas desigualdades entre los beneficios. Por un lado, fue favorable a los actores con mayor capacidad de inversión, y por el otro, persistencia de la pobreza y la exclusión entre sectores campesinos, rurales (Barboza, 2024; Moscoso y Monterroso, 2025).
En el referente empírico mostró que algunos terrenos adjudicados por los programas de reforma agraria, administrados sucesivamente por el Instituto de Tierras y Colonización (ITCO), el Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) y el actual Instituto de Desarrollo Rural (INDER), fueron adquiridos posteriormente por empresarios turísticos de mayor escala, en territorios donde ya funcionaban iniciativas comunitarias (Moscoso y Monterroso, 2025). El cambio en la propiedad y el uso de la tierra, desde el enfoque histórico-crítico, se interpretó como una forma de desposesión, relacionada con las diferencias económicas entre los actores y la limitada protección institucional del uso comunitario. Guereña (2006) coincidió con esta lectura al advertir que el turismo convencional podía desplazar a las comunidades y apropiarse de sus recursos mediante discursos de conservación ambiental o ecodesarrollo, tal como ocurrió en algunos de los casos estudiados, que perdieron autonomía o fueron desplazados por proyectos turísticos de mayor escala (Moscoso y Monterroso, 2025).
Un proceso semejante fue documentado en la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, México, donde el turismo favoreció la acumulación de capital mediante mecanismos de penetración, subsunción y cercamiento. Las autoridades estatales, según Rojas y Palafox (2019), facilitaron el despojo del control de los recursos naturales de las poblaciones originarias, hacia intereses privados, nuevamente bajo el discurso de la sostenibilidad. Este caso, aunque pertenece a otro contexto nacional, sirvió como referencia para examinar tensiones observadas en algunos territorios rurales de montaña de Costa Rica, relacionadas con la apropiación privada, el deterioro territorial y el desplazamiento de poblaciones rurales. En el caso costarricense, estas tensiones adquirieron relevancia por la imagen internacional del país como destino verde y sostenible, utilizada para legitimar la turistificación capitalista y restar visibilidad a sus efectos sociales y territoriales.
A partir de lo anterior, es necesario precisar el alcance de esta interpretación. Los resultados, debido al carácter documental del estudio, procedieron de las fuentes revisadas y fueron analizados desde el enfoque histórico-crítico. No se buscó establecer generalizaciones estadísticas; se buscó, más bien, contrastar información académica, institucional y empírica. Los casos externos, asimismo, se emplearon como referencias para la discusión, no como unidades de comparación equivalentes. Por tanto, los alcances del estudio quedaron sujetos a la disponibilidad, procedencia y función de las fuentes incluidas en el corpus, así como al uso del referente empírico.
CONCLUSIONES
El análisis indicó que la incorporación de las zonas rurales de montaña al mercado turístico costarricense fue más que una simple diversificación económica. Este proceso se relacionó con la reorientación neoliberal del desarrollo y con la intervención conjunta del Estado, los organismos internacionales y la inversión privada. Fincas y haciendas agropecuarias se transformaron así en empresas turísticas, sobre todo en regiones donde las actividades agrícolas habían perdido rentabilidad y apoyo institucional.
Dicha transformación, desde la perspectiva histórico-crítica empleada, permitió valorizar económicamente paisajes, recursos naturales, conocimientos campesinos y territorios rurales. El discurso institucional de la sostenibilidad turística contribuyó a justificar algunas formas de apropiación territorial, aunque sus efectos fueron diferentes según los actores, las escalas y las condiciones de cada lugar.
El turismo rural comunitario, por su parte, siguió una trayectoria distinta. Sus iniciativas se apoyaron en la autogestión, la cooperación, el arraigo territorial y el sostenimiento de vida familiar; las fuentes, sin embargo, no permitieron considerarlo una alternativa consolidada al modelo empresarial dominante. Su continuidad dependió del control comunitario del territorio, el acceso a recursos, la capacidad organizativa, las redes de apoyo y la protección frente a su posible absorción por el mercado turístico convencional. Se identificó, por ello, una convivencia desigual entre el turismo empresarial, respaldado por mayores recursos financieros, estatales e institucionales, y las iniciativas comunitarias, orientadas a la subsistencia y defensa territorial; esta tensión permaneció abierta en los casos estudiados.
Los hallazgos también señalaron que el fortalecimiento del turismo comunitario no podía depender únicamente en el esfuerzo local ni en declaraciones generales sobre sostenibilidad. Se requerían medidas públicas concretas, entre ellas proteger el uso comunitario de la tierra, ofrecer financiamiento diferenciado y asistencia técnica, regular la concentración turística territorial y garantizar una mayor participación local en las decisiones y los beneficios de la actividad turística.
Finalmente, el carácter documental de la investigación, la función contextual del referente empírico y la atención puesta en las zonas rurales de montaña delimitaron sus alcances. Por esta razón, los resultados no buscaron representar estadísticamente al conjunto de Costa Rica, sino interpretar las tendencias encontradas en las fuentes. Quedó pendiente profundizar, mediante investigaciones de campo, en la continuidad de las iniciativas comunitarias, sus conflictos internos, la distribución de sus beneficios y sus posibilidades de permanecer ante el crecimiento de la turistificación empresarial.
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Anexo 1 Matriz Metodológica de sistematización y análisis del corpus documental (selección de fuentes representativas).
|
Escala |
Fuente representativa del corpus |
Proceso analizado |
Eje de análisis |
|
Internacional |
OMT (2005) |
Institucionalización del turismo sostenible. |
Institucionalización y expansión del turismo |
|
Internacional |
Palafox et al. (2010) |
Turismo como mecanismo de acumulación y transformación territorial. |
Reconversión productiva y efectos territoriales |
|
Latinoamericana |
Monterroso y Zizumbo (2009) |
Reconfiguración neoliberal de los espacios rurales. |
Reconversión productiva y efectos territoriales |
|
Latinoamericana |
Ávila (2015) |
Turismo comunitario indígena y organización local. |
Respuestas comunitarias y defensa territorial |
|
Centroamericana |
Vargas (2006) |
Expansión regional de las áreas protegidas y el turismo. |
Institucionalización y expansión del turismo |
|
Costa Rica |
Picón (2008) |
Planificación del turismo sostenible. |
Institucionalización y expansión del turismo |
|
Costa Rica |
Baltodano y Badilla (2015) |
Reconversión de actividades ganaderas hacia el turismo. |
Reconversión productiva y efectos territoriales |
|
Costa Rica |
Peralta y Solano (2009) |
Turismo rural comunitario, participación y autogestión. |
Respuestas comunitarias y defensa territorial |
Nota. La matriz presenta fuentes representativas del corpus documental analizado (n = 35), seleccionadas a modo de ejemplo. Una misma fuente pudo contribuir a más de un eje de análisis. Se excluyeron las obras utilizadas únicamente para fundamentación teórica general.